kilianas
La historia transcurre en Karri Bay, un pequeño pueblo costero donde la vida giraba al ritmo de las mareas. Sus calles estaban llenas de cafeterías con tablas de surf apoyadas en la entrada, tiendas locales y casas de madera escondidas entre eucaliptos. A pocos minutos del centro, playas salvajes de arena blanca se extendían junto a un océano de aguas turquesas, siempre recorrido por surfistas que esperaban la ola perfecta. Detrás de la costa se alzaban inmensos bosques de árboles centenarios y senderos que parecían perderse en la naturaleza, envolviendo el pueblo en un ambiente tranquilo, libre y profundamente conectado con el mar.