[...A la desesperanza que me acude pido un minuto de descanso, para reposar mí espalda, y, al igual que mis pensamientos, reacomodar mis costillas, que se han roto al no soportar los temblores que el corazón me profiere...]
Recuerdo tu llanto desconsolado la primera vez que te vi, la angustia por saber lo que te había costado tu ¿Porque a mi? que no te llevaba hacia ningún lado