Dejemos algo claro, no es la sonrisa, es la persona dueña de esa sonrisa la que te desbarata la conciencia y te motiva a suspirar.
Es la persona dueña de esos labios la que te envuelve en la locura, te alivia, te apasiona, a veces te tumba, te tiene; y es que cuando te mira y te sonríe, te entrega el mundo, el sol, la luna, su amor y eso basta para ser feliz, no es una simple estrella que te alumbra en la oscuridad, es la luz de tu alma que te da seguridad. Te podrá sonreír el planeta entero, pero si no es esa persona no cuenta, y lo más dulce es que sonríe por ti y para ti.
Porque cuando nos enamoramos no hay mejor cosa que podamos hacer mejor que creer que el mundo es color rosa y que esa persona es parte de tu existencia. Esta es una de esas historias de amor que probablemente te harán vibrar el corazón, erizar la piel, viajar a otra dimensión y soñar.