No me importa como cuentes mi historia, mi rey, pero, por favor, cuéntala. Hazlo como una última obra de caridad hacia mí. Y si de paso sigues creyendo que soy puta, pues dilo, así tal cual. Es más... sí quiero que me llames ¡puta! ¡No sé!, así ponle de título: "La trágica historia de la puta de mis sueños". Ya sé... estoy desvariando... Pero lo hago por ti, por el amor que de verdad anduvo entre nosotros y porque al final, (aunque no lo quiera aceptar), lo único que va a quedar de mi recuerdo será lo que tú cuentes de mí... Así que, inspírate... Que la historia de esta putita sea publica y que te mueras de vergüenza o de ternura cuando lo estes escribiendo, cuando se publique, cuando lo lea tu madre o la mia...
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