El primero en saberlo fue mi hermano, quien me vio acostada en la cama llorando. Después fue mi madre, en respuesta a las palabras de Jeshua; "Mamá, Elisa está llorando".
No tenía consciencia, no podía hablar de una manera congruente; todo, ya había acabado.
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"Esta historia no empezó hoy, pero será narrada para que comprendan el dolor y la tristeza que me acompañan desde aquel día."
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