-Ahh... si...-gemí cuando adentró su lengua en mí, mi mano se adentró en su cabellera castaña y eché la cabeza hacia atrás cuando sentí como metía dos dedos, entraban y salían, repetía ese proceso mientras lamía mi clítoris.- Ahh, Señor Doblas...-no podía parar de gemir, notaba como casi me iba a correr, faltaba tan poco...
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- Dame el placer de escuchar tus gritos de placer, complace a mis oídos con tus incontrolables gemidos, has que nuestros vecinos se aprendan mi nombre a la perfección, permíteme hacerte mía....