...Yo rompí su puto corazón.
Y no estoy orgulloso de ello. Quisiera estarlo sin embargo, porque así la culpa sería menor, los daños colaterales no se sentirían como patadas en la entrepierna, como ganchos directos al hígado, como cabezazos en la ceja, o puños en la nariz. Sería más fácil pensar que finalmente no todo estuvo tan mal, es enfermo de mi parte, pero soy honesto conmigo y sé que eso ayudaría con mi culpa...
...Si se preguntan qué clase de mierda soy, bueno, la verdad es que soy de la peor clase, de la clase que golpea a una chica que ama y luego se disculpa y jura no volverlo hacer.
Pero joder, yo la amaba ¡La amaba! Aunque no lo crean. Y sé que se preguntan cómo me permitía hacer cosas terribles, lo sé porque yo me lo he preguntado desde el primer día en que cometí el primer ataque. Y la cuestión es que mi amor por ella era inmenso, pero ese mismo amor venía con otros paquetes, como la inseguridad, el terror a perderla, y la maldita adicción a ella, a toda ella....
¿Puede una chica romántica y delicada enamorarse de alguien tan ruda como Lynn Loud? Issabella Abrams era esa chica: amante del color rosa, del maquillaje, la poesía, y de las historias de amor. Todo lo contrario a Lynn Loud, quien prefería la acción, los deportes y no se preocupaba demasiado por lo sentimental.
A pesar de sus diferencias, había algo en Lynn que atraía a Issabella. Tal vez era su valentía o su determinación, o quizás el hecho de que Lynn no temía ser exactamente quien era. Mientras que Lynn también sentía cierto interés en Issabella, no entendía como no podía tentarse en ganar y ser la número uno, veía que ella era como una suave brisa que acariciaba el rostro hasta de quien no merecía con dulzura, dulzura que raramente a Lynn le encantaba.