Temía que el silencio rompiera mi alma pero todo lo que necesitaba era pararme a escuchar como me decía todo lo que mis odios podían escuchar mientras que sus ojos sólo se gastaban mirándome y los míos anhelando.
Había pasado por cosas muy difíciles en mi vida, pero por primera vez en mucho tiempo me sentía feliz.
Hasta que él llegó...
¿Por qué tiene que mirarme tanto? ¿Por qué me sigue? Odio esa mírala ¡la odio!