Desde ese día nos convertimos en simples conocidos que compartían un mismo pasado, no volvimos a hablar.
Sin embargo, nuestras miradas no dejaron de buscarse tratando de encontrar una explicación a la tristeza que albergaba el alma, nos quedaron muchas cosas pendientes por decirnos, o al menos a mí sí, y hoy te las voy a escribir, aunque quizá nunca las leas, pero esta carta es para ti; mi preciado destructor...
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