CERO.

CERO.

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WpMetadataNoticeLast published Wed, Nov 15, 2017
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Fiction
Romance
-¡Estoy cansada, tan malditamente cansada de que controles todo a tu alrededor! ¡Eres tan dramático!.-llevo nuevamente la botella a mis labios y tomo un sorbo de mi cerveza. El alcohol ya comienza hacer efecto, provocando que mi cabeza de mil vueltas. Un escalofrío me recorre erizando a su vez los pelillos de mi cuerpo, cuando unas manos un tanto frías se encierran en mi desnudo abdomen. Tomo una profunda respiración como si de pronto el aire me faltara. A mis sentidos llega ese exquisito aroma a su colonia. -Desde que llegaste a mi vida me juré siempre protegerte. Eres mi pequeña.-su ronco susurro contra mi oído me provoca un estremecimiento por todo el cuerpo. Gruñe cuando junto mis caderas mucho más cerca de su pelvis. Sus brazos me retienen completamente permitiéndome sentir contra mi espalda su amplio pecho. Desde ese momento supe que mi mundo cambiaría. El me necesitaba, y ya no tenía escapatoria.
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#6
hueco
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La puerta se cerró con un leve chasquido, pero el verdadero estruendo fue dentro de mí. Ella no tenía derecho a estar aquí, pero tampoco tenía derecho a mirarme así, con esos ojos encendidos, esa boca entreabierta que suplicaba ser poseída. -Sabes que esto es un error... -gruñí, sintiendo mi control desmoronarse. Ella no respondió. Solo dejó caer su chaqueta, deslizándola por sus hombros hasta el suelo. Debajo, su piel brillaba con la tenue luz de la habitación, su respiración entrecortada, sus pezones endurecidos bajo la tela fina de su blusa. Mierda. Mis músculos se tensaron, mis puños se cerraron. Pero cuando sus manos trazaron un camino ardiente sobre mi abdomen, la bestia dentro de mí despertó con hambre voraz. -Ahora soy tuya, mi general -susurró contra mi oído, con la voz más pecaminosa que había escuchado jamás. No hubo vuelta atrás. La empujé contra la pared, atrapando sus muñecas sobre su cabeza mientras mi boca reclamaba la suya con fiereza. Su lengua se enredó con la mía en un beso feroz, húmedo, insaciable. Desgarré la blusa, arrancando el sujetador sin importarme nada más que sentir su piel contra la mía. -Vas a recordarme cada vez que respires -gruñí contra su cuello antes de hundirme en él con besos y mordiscos. Ella jadeó cuando mi lengua descendió, jugando con sus pezones, devorándolos hasta que su espalda se arqueó en un gemido desesperado. Sus uñas se clavaron en mis hombros cuando la levanté en brazos y la lancé sobre la cama. La despojé del resto de su ropa en segundos, besando, lamiendo, mordiendo cada centímetro de su piel hasta que su cuerpo se retorcía bajo el mío. Cuando mis labios encontraron su centro húmedo, gritos ahogados escaparon de su boca. La sostuve contra el colchón mientras mi lengua la desarmaba, mientras su cuerpo se estremecía una y otra vez con orgasmos tan intensos que apenas podía respirar. Pero no había terminado con ella.

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