Ella era rubia, yo era morena. El color de cabello era todo lo que cambiaba, incluso teníamos las cejas iguales. Nuestra piel era clara como la luna. Teníamos los ojos verdes como un prado acabado de florecer. Éramos iguales en apariencia, éramos diferentes de corazón.
Pero a las dos nos gustaba jugar.
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Entré pinceles, guitarras, miradas que duran demasiado y silencios llenos de significado, esta es una historia de amor, arte y valentía. Porque a veces amar a tu mejor amiga puede ser lo mas hermoso... y lo mas difícil.