Incomprendidos esperanzados

Incomprendidos esperanzados

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WpMetadataNoticeLast published Fri, May 12, 2017
Y lo lamento, lamento todas aquellas promesas que hice y no pude cumplir, en verdad era mi intención cumplir todas. Estaré bien, sé que no iré sola porque el mundo es tan grande y el dolor tan extenso que habrá por lo menos un alma que me dé la mano. Mi pequeño grupo de incomprendidos esperanzados, son todo aquello que necesita el mundo. Vivan, pero sobre todo vivan con esperanza. Y aquellos que sepan escuchar, escucharan mi voz. Y aquellos que sepan querer, sentirán mi presencia. Y aquellos que supieron de mis últimos días, sabrán perdonarme. Yo pediré por todos aquellos que me dieron por lo menos unos momentos de auténtica felicidad. Y aquellos que se sientan cansados y sin ganas de seguir, Que vayan a los árboles Pues a ellos les dejo mi energía. Y aquellos que pierdan la esperanza que recurran a mí, pues a Dios le pediré que me permita ser el ángel que apoye a las almas cansadas.
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Los dioses no temen la guerra. Temen el deseo. En la penumbra del Olimpo, las Moiras tejían un hilo dorado que latía con una fuerza indomable. Susurros de un destino imposible se filtraron en el mármol sagrado, arrastrando consigo el eco de una advertencia: "Cuando la hija del pecado y el error despierte, los corazones divinos caerán en su trampa. Cuatro dioses la desearán, cuatro mundos se inclinarán ante su furia. Si su ira arde, no habrá Olimpo, ni Inframundo, ni campo de batalla que sobreviva a su sombra. Porque ella no es una mortal. Ni siquiera una diosa. Es el caos encarnado, la grieta en el orden eterno." Zeus sintió el peligro en cada palabra, pero no pudo apartar la mirada. Hades pensó en lo inevitable, en lo que significa amar a una criatura destinada a la ruina. Apolo sintió el sol temblar, atrapado en su propia luz. Ares, con su sonrisa feroz, entendió que por primera vez conocía la guerra que jamás podría ganar. Lejos de su mirada, en el rincón olvidado del mundo, una estatua se quebró. Las olas la abrazaron, y la piedra respiró. Asha Kaelione abrió los ojos. Y los dioses, sin saberlo, ya estaban perdidos.

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