-¡Eres un psicópata! -lo empujó- primero me abandonas y ahora me quieres quitar a mis hijos. A unos niños que ni siquiera conoces- -No te abandoné, sólo quería buscar a mi hijo y salvar a Margarita. Quería que ambos vivieran y gozarán de los mismos privilegios que tú tenías- -¿Privilegios? - negó con molestia-¡¿Y qué más ibas a hacer?! ¿¡Planeabas traerla a mi casa y hacer que duerma en nuestra cama?!, ¿¡creíste que todo marcharía bien?! ¡Me engañaste! - chillo dándole una bofetada con su palma abierta y otra con el dorso de la misma. El sollozo de Aliz se convertía en gruñidos y bufidos desesperados. - No te engañe, solo fui a investigar. Ni siquiera tenía planeado que hacer después- suplicó desesperado. Jamás imaginó las consecuencias de sus actos. Pensaba que todo sería pacifico como siempre y que Aliz lo apoyaria. -Y ahora que la mujer que amas está muerta regresas a formar de nuevo una familia conmigo como si nunca hubiera pasado nada... ¡¿crees que soy una estúpida?! No soy tu segunda opción, no soy un plato de segunda mesa, ni la mujer que aguantara tus malditas ofensas. ¡Lárgate de mi vida y de la vida de mis hijos! ¡No te necesito! ¡vete o muere con esa mujerzuela que tanto amas! - lo empujó. Aliz estaba furiosa. Lo odiaba tanto que le dolía en el fondo de su alma. Peter la acribilló hacia la pared y tomó las muñecas de la dama con rapidez para que no pudiera defenderse colocó su rodilla entre las piernas de su esposa sorprendiéndola. -Soy el padre de esos niños y tu esposo, te guste o no eres mía- la amenazó Aliz respiraba pesadamente. La agresividad de su marido la había dejado muda. Su olor corporal embriagaba sus sentidos. La calidez de su cuerpo la estremeció. Y su maldita voz demandante y gruesa la hizo sentirse extraña. -¿Qué es lo que quieres? - apretó sus dientes intentando conservar la calma. -A ti y a los niños-
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