Un día frívolo de Marzo me encontré sonriendo ante un nuevo amanecer, mis compañeros de trabajo siempre solían reírse de mis bromas hacia mi persona, es decir, se reían de mi desgracia, jamás me afectaba. Solía observar todo a mi alrededor, desde personas, hasta esculturas, tenía una vida particular. Hasta el momento en que un rostro miró mis ojos con timidez. Y en aquél momento me pregunté ¿Realmente pertenecemos a alguien? ¿Realmente podemos conocer a alguien en el pasado y no saberlo hasta el día en que le logras ver? Ella era eso, una total encrucijada.
Esto es una pequeña historia que el humano puede afrontar en desconocidos momentos de su vida.
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