a otra cosa, mariposa

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- Yo te doy lo que tú quieras báilame en el tubo, suaaaave -. Susurró en mi oído, conchetumare me dió un suponcio. Mis caderas se movían al ritmo de la música y sus manos retenían firme mi cintura, no importaba lo hacinados que estábamos en el carrete, pareciera que solo somos nosotros dos y un vacío infinito, ah la weá cursi. Me giré rápido y vi directo a sus ojitos verdes, puta que tengo ganas de congelar esto pa siempre. De todas las veces que habíamos enfrentado miradas está sí o sí es pareciera ser la más intensa, no cacho qué weá está pasando pero igual no importaba. Igual, mañana todo va a volver a ser como siempre y era. - Ella me dice que le gustan los plátanos, maaaduros -. Ahora, yo coreé la canción y nos cagamos de la risa por la parte del Alfa. Debía admitir que había algo en él que creía jamás poder superar.
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-¡Ya deja de decir mi nombre completo! Parece que estás hablando en serio sobre algo que no tiene sentido. Yo no puedo controlar el clima o la madre naturaleza. Si vino una tormenta de la nada, no le vas a echar la culpa a una persona. Tal vez creas que me intimidas Apolo, pero no es así. Así que si quieres saber qué fue lo que pasó, conviértete en meteorólogo y si no tienes suerte buscando las respuestas que quieres, te veo en las noticias a la hora del clima. Ahora vete, la puerta de abajo está abierta.- Dije abriendo la puerta. ¿Quién se creía que era? Sin sacar sus ojos que estaban más que nunca en un color naranja de mí, se levantó y se me puso a centímetros de mi cara. - Bien. Si así es como quieres jugar, juguemos. Pero te advierto Thea, no me provoques. Ya voy a saber lo que pasó, de las buenas o de las malas.- Y otra vez sentí esa fuerza que me daba ganas de caer desmayada en sus brazos, pero lo rechacé, como lo había hecho antes.

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