Encesto directo al amor
Pensé que este semestre sería igual de gris que los anteriores. Ir, estudiar, desaparecer. Nada nuevo. Nada emocionante.
Hasta que lo vi.
Nevan.
Callado, apartado, con ese tipo de presencia que no hace ruido pero llena el espacio. No sé qué fue primero: su forma de caminar como si cargara historias que nadie conoce, o esa mirada tranquila que parecía guardar un secreto para mí.
No hablaba mucho. Pero cuando lo hacía, era como si la conversación cambiara de rumbo sin pedir permiso. Y la primera vez que me miró, sentí que algo dentro de mí se acomodaba... o se desacomodaba del todo.
Porque no fue una mirada normal. Fue una mirada que encuentra. Que reconoce. Que deja eco.
Y desde ahí, mi mundo dejó de comportarse.
Entre pasillos que parecen laberintos, entrenamientos, risas que no esperaba compartir y esa atracción que se colaba en cada silencio, empecé a entender que hay personas que llegan para desordenarte de forma hermosa. Para abrir puertas dentro de ti que ni sabías que existían.
Yo quería mantenerme en bajo perfil. Era el plan.
Pero él... él me eligió sin hacer ruido.
Y quizás, por primera vez en mucho tiempo, quiero elegir a alguien también.
A él.
---