-¿Sabes qué? Te pediré un uber- no permitiría que su amiga condujera en ese estado. -No puedes irte así, y menos sola.-
-Gracias, la verdad ya no me siento bien.-
Tenía siglos sin divertirse tanto ni ahogarse en alcohol con sus amigos como aquella noche, pero ya se sentía mareada, con ganas de vomitar y con mucho sueño, no quería que toda esa diversión terminara en tragedia, así que accedió.
»Lo que no sabía era que aquella noche se repetiría tantas veces, ni que tuviera la buena (o mala) suerte de siempre coincidir con el mismo conductor de uber.«
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