En esta novela, tanto la enfermedad como su tratamiento son una ficcion. Por ejemplo, no existe nada parecido al Phalaxifor. Me lo inventé porque me gustaría que existiera. Los que busquen una historia real del cáncer deberían leer The Emperor of All Maladies, de Siddartha Mukherjee. Estoy además en deuda con Josh Sundquist, Marshall Urist y Jonneke Hollanders, que compartieron conmigo su tiempo y su experiencia en cuestiones médicas que no sabía si se ajustaban o no a mis caprichos.
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