¿Sabes algo sobre vampiros? Sí, esas malvadas y mitológicas criaturas que se alimentan de sangre; que no están muertos del todo, pero tampoco cuentan entre los vivos. Esos a los que las películas los han llegado a convertir en seres tan hermosos y sexys que los jóvenes incautos mueren por ser mordido por uno de ellos. Pues la verdad es que sí, los hay tan hermosos que se sirven de eso para atraer a sus víctimas, pero no buscan amor, solo desean hundir sus colmillos en tu cuello y tomar cuanta sangre puedan, si es que no se dejan llevar por el frenesí y terminan matándote para beberla toda.
Eric hace mucho se rindió ante esa lucha, se alejó de los suyos lo suficiente para no ser una marioneta del poder de los más viejos y conserva la poca humanidad que necesita para no ser descubierto por los humanos inocentes e ingenuos entre los que se pasea y poder seguir alimentándose libremente; pero ya no los ve más que como su alimento, un rebaño bullicioso e incauto del cual puede elegir a libre decisión, humanos que no conocen del valor de la sangre que recorre sus venas y no la cuidan lo suficiente de las criaturas demoníacas como él.
Hace décadas que se conformó con ese estilo de vida; duerme por el día en su residencia universitaria y en la noche, de acuerdo a la máscara que tiene que llevar para sobrevivir, asiste a clases donde aumenta más sus ya vastos conocimientos y elige a su próxima presa con calma. Pero esa aparente tranquilidad se verá interrumpida por un joven demasiado íntegro y estudioso, uno de esos chiquillos quisquillosos y susceptibles que necesitaban saberlo todo y eran demasiado bondadosos, justo del tipo al Eric le place retorcerles el cuello a la primera; y que llegará ese nuevo año a pedirle que ponga orden en su cuarto y abra por favor las ventanas, poniendo a prueba su poco autocontrol y teniendo que hacer todo lo posible para no terminar matándolo mientras duerme, desgarrándole la garganta.
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