-Te quiero. -Murmuré sintiendo cómo mis ojos ardían y mi garganta dolía.
-¿Estás borracho? -Preguntó con voz suave, como si estuviera hablándole a un niño pequeño.
-Sí. -Respondí.
-No quiero que me hables borracho. -Sentenció. -Es más, no quiero que me hables.
Y con esas palabras, rompió mi corazón.
All Rights Reserved