El mundo fue dividido por fuego, las cenizas aún no se han enfriado, y nadie recuerda lo que realmente cayó del cielo. Entre ruinas, inquisidores y símbolos que ya no deben nombrarse, hay quienes siguen órdenes, quienes buscan señales, y quienes -sin saberlo- cargan con verdades que nunca debieron despertar. Esto no es una historia de salvación. Es una historia de cicatrices, de nombres sellados, y de una luz que arde en silencio... esperando volver a hablar.
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