Tan fría, tan pálida

Tan fría, tan pálida

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WpMetadataNoticeLast published Sun, Nov 26, 2017
¿Por qué se enamoraría alguien de una persona tan fría, tan pálida? Su corazón no tenía color, sus labios por igual, ¿por qué ella es tan ilícita y él tan curioso? Una piel tan fría y una mirada tan morbosa se topan al cruzar la calle, algo inevitable, tan casual. El se muerde los labios y ella ni se inmuta, sigue su paso dejando atrás una bocanada de humo por el frío de la época. Mírala, el desea su alma y hacerla danzar al ritmo de sus latidos vibrantes, que al imaginarse el pecado no cometido aún, el morbo y el lívido le suben a las nubes. Él desea lo prohibido y ella no lo cohibe pues su inocencia no le permite distinguir entre el cielo y el infierno. Ambos desean algo ¿el pecado o la redención?
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Nunca quiso nada más. Ella se encontraba en medio del cielo y el infierno, porque había experimentado lo que era sentirse levitada ante las sensaciones que experimentaba, pero eso la quemaba a la vez. La necesidad de estar piel a piel, de rozar sus labios con los de ella, era su droga, de tenerla junto a ella. Alaia no sabia lo que le esperaba, y nunca lo hubiera esperado, ya que era una mujer apegada a sus ideales, a su religión. Pero nunca esperó que aquel día empezara su tormento, empezara a dudar todo e incluso de lo que mas temía, de sus sentimientos. Su religión era lo mas importante, pero el pecado que cometía sus ojos al observarla, la necesidad que sentían sus labios por probarla e incluso su piel quemaba al querer acariciarla, todo eso era una satisfacción para ella. Porque para Alaia no había mejor pecado que Eleanor.

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