Antes de que Himeko pudiera reaccionar, Obito, con un movimiento rápido y sin esfuerzo, la cargó sobre su hombro como si fuera un saco de arroz. -¡O-Obito! ¡Bájame ahora mismo! -exclamó ella, golpeando suavemente su espalda con los puños, pero sin verdadera fuerza. -No -respondió él con voz grave, caminando con paso firme lejos de la taberna. Los demás en la taberna observaron la escena con sorpresa y diversión. -¿Deberíamos hacer algo? -preguntó Naruto con la boca llena de ramen. -No creo que sea necesario -respondió Sasuke con una media sonrisa-. Parece que Obito tiene las cosas claras. Hinata observó la escena con las mejillas sonrojadas, mientras Sakura solo suspiraba. -Definitivamente, esos dos están jugando con fuego. Mientras tanto, Himeko seguía protestando. -¡Obito, maldito terco! ¡Ponme en el suelo! Él soltó una risa baja, oscura, mientras su agarre en su cintura se apretaba ligeramente. -No me gusta que juegues con otros hombres frente a mí, Himeko. Ella sintió un escalofrío recorrerle la espalda ante el tono de su voz. -¿Y qué? ¿Ahora vas a darme un castigo, sensei? Obito se detuvo de golpe, la bajó con brusquedad y la acorraló contra un muro, sujetándola por la cintura con firmeza. -No juegues conmigo, Himeko -susurró contra sus labios, sin llegar a besarlos-. Porque si sigues provocándome, voy a tomar lo que es mío sin previo aviso. El corazón de Himeko latía con fuerza, pero no iba a ceder tan fácil. -¿Y si quiero que lo hagas? Obito la miró intensamente por un segundo, luego soltó una risa baja y sacudió la cabeza. -Eres un peligro, Hyūga. Sin decir más, la tomó de la mano y la arrastró con él hacia la residencia Uchiha, dejando en claro que esta vez no iba a dejar que ella escapara tan fácilmente.
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