Un fin de semana en la sierra, un grupo de amigos... y un desconocido con una flor en la mano. Lorena no esperaba nada especial de aquella escapada. Solo aire puro, risas con su gente y desconexión total del mundo. Pero cuando aparece él -alto, moreno, y con una sonrisa que es puro sol- todo empieza a cambiar. No sabe su nombre, no ha visto bien su cara, pero sí ha sentido algo distinto. Entre senderos, juegos bajo las estrellas y miradas que dicen más de lo que deberían, surge una historia tan inesperada como bonita. Porque a veces, una flor silvestre basta para encender lo que no sabías que estabas buscando. Una historia dulce, con chispa, que te hará volver a creer en las conexiones espontáneas y los comienzos suaves.
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