
A Gerard los días se le hacían cada vez más grises. Se sentía como hundiéndose en las arenas movedizas de la monotonía y la soledad en la que se hallaba en aquella ciudad. Y aquello le robaba las escasas fuerzas que le quedaban. No era capaz de hacer algo para salvarse a sí mismo, no era capaz de hacer algo que no fuese dejarse llevar por aquella marea llena de ruido sin sentido. Sentía como si aquel doloroso vacío que lo carcomía por dentro esperase el momento oportuno para hacerlo trizas. Y nadie se daba cuenta. Pocas, muy pocas cosas le daban una chispa de vida a su angustiosa uniformidad. Una de ellas subía a ese mismo tren cada mañana, cargando una funda de guitarra. Justo en aquella misma parada.All Rights Reserved
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