Era inevitable no encendernos cuando estábamos juntos. Sus ojos eran carbón, los míos eran rayos de luz.
Fuego.
Fuego era lo que provocábamos. Fuego era lo que éramos.
«No jueges con fuego, te puedes quemar». A veces quemarse no es tan peligroso.
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EL ORGULLO ES El ÚNICO VENENO QUE TE PUEDE INTOXICAR SI NO TE LO TRAGAS A TIEMPO
-EN EDICIÓN-
¿Harán a un lado sus prejuicios para luchar por ese inesperado amor?