Flores de invierno

Flores de invierno

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WpMetadataNoticeLast published Sat, Jun 23, 2018
Oliver se rehusaba a admitirlo...nunca se había cruzado por su mente, hasta que vio aquella maraña de cabello de corte "ridiculo" perfectamente oculto bajo aquel gorro de lana gris. Denis no se pudo resistir ante aquel encantador joven de dudosa expresión y ojos envolventes. En un pueblo en donde todos parecen saber todo sobre la vida del otro,no pasarán desapercibidos tan fácil, entre murmullos y quejas. Ambos son juzgados cruelmente cuando entre sabanas y besos se confiesan todo lo que están sintiendo. Oliver ama la oscuridad.... Y Denis ama perderse en ella... -Ellos nunca entenderán. Suspiro. -Lo que se siente estar solo,vacío y roto...y más cuando todos te miran como si estuvieras destinado a arder en el infierno. Su amante lo miro entre pestañas...con la mirada perdida en la suave cortada de su pómulo y con sus labios,seco aquellas lágrimas saladas que caían por su tenue piel.
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Abbie nunca quiso ser el centro de atención, pero su belleza la traicionaba. Desde el primer día en la escuela, todos la vieron, todos la desearon, pero nadie se atrevió a acercarse. Su piel de porcelana, su cabello negro azabache y esos ojos almendrados hipnotizaban a cualquiera. Pero Abbie no buscaba miradas ni susurros a su paso, ella solo quería existir sin ser observada. Con dos amigos y un pretendiente eterno que no entendía un "no", su mundo parecía monótono... hasta que apareció ella. La rubia. Era salvaje. Intensa. Dueña de una belleza abrumadora y peligrosa. No sonreía por cortesía ni fingía para encajar. Y lo peor -o lo mejor- era que fue de las pocas que no giró la cabeza para mirarla. Como si la perfección de Abbie no le importara en absoluto. Y eso la enloqueció. Porque esa chica, con su actitud desafiante y su mirada de hielo, escondía un fuego que Abbie moría por encender. Le advirtieron que era un error. Que la rubia no dejaba entrar a nadie en su mundo. Que se mantuviera lejos. Pero Abbie ya estaba perdida. Iba a conocerla. Iba a tentarla. Lo que no imaginaba era que, cuando jugara con fuego, la que terminaría ardiendo sería ella.

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