Abby es una adolescente y Alexander ya vivió esa etapa, ella aún piensa en salir y disfrutar, pero para él, eso ya no es una prioridad.
Sus visiones se enfrentan en un combate cuando la vida decide acercarlos, unirlos y enamorarlos.
Alguno de los dos debe dar el brazo a torcer, o el orgullo terminará por separarlos.
Abby está enamorada y Alexander confundido.
¿El amor realmente existe? Ambos quieren una respuesta a esa pregunta.
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El silencio había aparecido, posicionandose con comodidad entre nosotros, ¿cuanto tiempo había pasado?
-Me siento... alagado por lo que has dicho, Abby- Su respuesta fue vacilante, aunque supo disimularlo y recuperar la compostura.
Mi ceño se frunció y detuve el vaivén de mis dedos, esperando que continuara, pero sólo se quedó ahí, parado mirandome como si las palabras que acababa de decir no me estuvieran quemando los labios.
-¿Es todo?- Respondí cuando entendí que no diría nada más.
No sé si me cuesta más hablar o controlarme para no decir algo de lo que pueda arrepentirme.
-¿Después de que me he declarado solo dirás eso?- Aceptarlo dolía, pero no se si a mi, o a mi jodido ego.
-Abby yo...- Suspiró- Tu eres una niña y yo...
Suficiente, sabía el discurso que vendría después. Si supiera que ya me lo había planteado antes de tomar el valor para decir todo esto. Gran estúpida he sido, y no me he dado cuenta.
-Basta, no sigas Alexander, sé lo que dirás y ya lo sé, pero me da igual y no puedo hacer nada para cambiarlo.
Mi respiración era acelerada cuando terminé de hablar, sus ojos expresaban un 'lo siento' que no quería oír. Sabía lo que estaba haciendo, estaba acabando con todo.
Siempre leía historias de amor, de esas que te hacen suspirar en cada página, que te hacen soñar con un encuentro inesperado, con miradas que lo dicen todo y silencios que hablan más que mil palabras. Pero jamás imaginé vivir una propia.
Una historia que, como en los libros, me haga sentir mariposas en el estómago con solo escuchar su voz.
Una que me deje pensando en él antes de dormir, y que vuelva a mí apenas despierto.
Nunca creí que me pasaría a mí... que algo tan simple como una sonrisa o el roce accidental de nuestras manos pudiera hacer que mi mundo se detuviera por un segundo.
Y lo peor -o lo mejor- de todo esto, es que me pregunto constantemente:
¿Por qué tiene que ser pasajero?
¿Por qué algo tan real, tan bonito, tiene que terminar con el final del verano?
Más aún cuando todo a nuestro alrededor parece esconder algo.
Hay algo extraño en este campamento...
Demasiadas miradas cruzadas, secretos que se sienten en el aire, palabras a medias y silencios que pesan.
¿Será que hay cosas que no nos están diciendo?
¿Qué es lo que realmente esconde este lugar?
Y en medio de todo ese misterio, estás tú.
Tan lindo sin siquiera intentarlo.
Tan amable, incluso cuando crees que no lo mereces.
Tan tú... con ese caos silencioso que llevás dentro, con esa forma de mirar como si todo te doliera un poco.
A veces me pregunto por qué pensás que no tenés un buen corazón.
Si supieras lo que yo veo cuando te miro...
Si supieras lo fuerte que late cuando ayudás a otros, cuando cuidás, cuando callás para no herir a nadie.
Me muero por decírtelo.
Por decirte con todo lo que siento:
"Yo sé que tienes un corazón. Y no solo eso... también sé que es el más bonito que he conocido."
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