Recuerdo bien que, la última vez que la vi, sentí ganas de quererla de nuevo. Todos mis esfuerzos por el olvido se vinieron abajo como hojas en tiempos otoñales. Más que un encuentro con ella, fue un desencuentro conmigo. Temblé, sudé, pero todo se vio opacado por la alegría que sentí cuando ella me miró y, me hizo una seña para que fuera a su lado.
Ella es negrita y bajita y bonita. Ella es bonita y lo sabe, ella sigue siendo mi negra y quiero estar seguro de ello. Me saludó, me dio un abrazo fuerte, fuertísimo, de esos que aprietan el alma, y nos preguntamos las cosas que se preguntan las personas que se encuentran después de mucho tiempo...
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