El hartazgo de mi familia era una sombra constante; las discusiones se volvieron el ruido de fondo de una vida donde nunca pude ser yo misma. Pero el golpe final no vino de ellos, sino de la traición más amarga: mi novio y mi mejor amiga, juntos, en mi propia cama. Sin mirar atrás, armé una valija y busqué refugio en el anonimato de Estados Unidos, trabajando como repositora en un depósito de Carolina del Norte. Entonces, el mundo se terminó. Caminé hacia Atlanta persiguiendo el rumor de un centro de refugiados que resultó ser solo cenizas y mentiras. En medio del caos, encontré a un grupo de sobrevivientes refugiados en un rincón de montañas y bosques tan irreales que parecen de otro planeta. Fue allí, entre el miedo y el silencio del lago, donde conocí a alguien que logró que mi corazón volviera a latir. 🩷 ❣️ 💝 Me llamo Valentina Santos. ©️ Derechos Reservados
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