"Se dice que un hilo rojo conecta a quienes están destinados a encontrarse, sin importar el tiempo, el lugar o las circunstancias." Isac y Ash no crecieron en el mismo mundo. Uno viene del silencio, del abandono y la necesidad de sobrevivir. El otro, de un hogar frío y lleno de apariencias, donde la vulnerabilidad era castigada. Ambos aprendieron a esconderse: Isac detrás de su indiferencia, Ash detrás de sus sonrisas. Pero el hilo, invisible, los fue acercando. A veces como un tirón suave, a veces como un nudo en la garganta. Y aunque todo parecía decirles que estaban rotos, en el reflejo del otro encontraron un espacio donde podían ser ellos mismos. No se prometieron eternidad, pero aprendieron a quedarse. Y a veces, eso es más que suficiente. Porque cuando el hilo rojo existe... no se rompe, solo se enreda.
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