Birdy descubre todo su futuro gracias a extrañas fotos que aparecieron en su cámara: conoce al chico con el que se casará, y sabe con qué trabajo ganará un buen sueldo para mantener a sus dos hijas. Con quince años su vida se convierte algo aburrida para ella, aún estando al lado de la persona que ama.
Sin embargo, un día, al chocarse con un chico, descubre que él no se encuentra en ninguna de las fotos. No es difícil reconocerlo porque posee un cabello blanco como la nieve y ojos rojos como un conejo. Es inevitable no asombrarse, porque con solo verlo la primera vez, uno sabría muy bien que se trata de un chico albino.
Los desamores siempre pasan por algo, cuando esto pasa tu decides si alejarte y no ver más a esa persona o seguir siendo amigos, en el caso de Kyoko Satō se reencontró con ambos en distintas ocasiones inoportunas, aunque todo tiene un cambio de rumbo, igual que un juego de un parque de diversiones, siempre te sorprende.