[EDITADA] Las gotas ruedan por el contorno de sus rostros. A pesar de que se estuviera congelando, no podría dejar que aquella joven se siguiera mojando hasta el alma. Los minutos corrían, ya eran pasadas de las diez y el metro no los esperaría por siempre. Finalmente éste decidió hablar: ─¿Por qué no vuelves?─ la verdad, tampoco quería que se fuera. Sus enigmáticos zafiros lo hechizaron y sus rasgos tan delicados como la seda lo encandilaron. Quería admirar un poco más la belleza que, los escasos rayos lunares filtrándose entre las nubes, se encargan de alumbrar. ─No quiero... no puedo. Lo único que anhelo es salir de ese infierno─ el estruendoso ruido del trueno de las nubes la hicieron alejarse de aquel chico que tapaba el callejón. El clima nuevamente volvería a empeorar. Trago en seco, con los nervios a flor de piel, se llenó de valentía para el siguiente movimiento que haría. Toma a la chica del brazo y la jala hacia él, en busca de darle un poco de calor; por más lascivo que se viera aquella acción, el frío de una noche de espantosa lluvia lo meritaba. ─Ven conmigo. Un día, tu vida es gris, sabe a puré de papas y no tienes ni idea de qué está mal. Un día te encuentras vagando sin rumbo alguno y con heridas que deseas curar. Al siguiente día, llenas de luz y esperanza la vida de alguien más y te hace feliz. Al siguiente día, las cicatrices parecen un amargo recuerdo y puedes sonreír. Por fin en un día, encuentras el significado del "amor" y te enteras que está bien ligado con la felicidad. En ese día, después de una larga y oscura noche, llena de pesadillas, el dulce amanecer alumbra un nuevo brillo de oportunidades. En un día, en sólo un día, todo puede cambiar.
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