He afirmado muchas veces que la Historia, tal como nos la han enseñado, es apenas una
caricatura borrosa y deformada de una realidad que fue siempre escamoteada
deliberadamente. Y, si se me pregunta la razón, tendré que contestar que esa
deformación caricaturesca es consecuencia del deseo tácito de todas las fuerzas y
poderes implantados a lo largo del tiempo, que han sentido la necesidad de justificar
sus actitudes dominadoras recreando y transformando todos aquellos sucesos que podían
contradecir sus pretendidos derechos o su providencial presencia salvífica.
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