Escribir nos salva, nos exhorta, nos redime, nos calma, nos hace sentir vivos; y mientras lo hacemos, se disipa toda tempestad de sentirnos presidiarios en un mundo sin piedad, y volvemos a nosotros, a nuestro instinto de fantasía donde somos el rey y peón de nuestra propia imaginación, de nuestra propia historia... más al final no hay nadie, sólo el suspiro, el eco, el vacío, de una compañía que por nombre lleva Soledad.
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Mis errores me atormentan y me atan al pasado, la vida no es nada mas que un breve pestañeo en la infinidad del tiempo, pero nuestros errores perduran como la perpetua oscuridad presente por toda la eternidad.