Enamorarse de un demonio. Estrictamente prohibido.
No podías hacerlo ni en el más loco de tus sueños. Lamentablemente yo lo había hecho.Había caído en el color de sus ojos, de su cabello. La forma en la que me hacía sentir, la forma en la que me provocaba con tan solo una mirada.
Para un ángel enamorarse de un demonio era prohibido, arriesgado, peligroso. Era meter las manos al fuego, quemarse en las llamas, y yo lamentablemente me estaba quemando lentamente en ellas.
Y se sentía jodidamente bien.
Iba a descubrir las consecuencias de romper las reglas o en su defecto, el placer de romperlas.
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