Una vez, mirándome al espejo me dije a mi misma que siempre seria una buena persona, que nunca haría nada que lastimara a otros. Pero la vida tiene muchas jugadas inesperadas, y me convertí en eso, en lo que nunca quise ser.
La verdad no sé en qué momento se me fue la vida al carajo, pero de algo estaba segura, la vida no da segundas oportunidades.
Llamémoslo karma, o castigo, el nombre no importaba porque estoy segura que en este momento, sola, la cara empapada en lágrimas y el corazón desgarrado, estoy pagando por cada una de las cosas que hice mal.