- Dayte mne to, chto u vas yest', i ukhodite otsyuda pryamo seychas.
La chica que ahora tengo delante me mira desconcertada, parece que no me entiende. Llevo horas andando por este lugar para evitar que alguien entre sin antes saber que no va a causar ningun problema. De primera tengo que admitir que no tiene nada de malo, se ve incluso demasiado inocente, pero me han enseñado que esta el ser más angelical del planeta puede ser el que cause más daño. Tiene el cabello castaño claro tirando a rubio, sus ojos son dos grandes esmeraldas y su boca más pequeña de lo normal es una tentación para mi. Al verla aparecer no dude en acercarme para vigilarla mejor, se movia de forma extraña, seguro estaba perdida y acabo en el sitio más peligroso para una chica.
- Por favor no me hagas daño o te metere mi móvil por el culo desgraciado - No dejo que se de cuenta de la sorpresa que me ha causado.
Su acento y sobretodo su idioma me hacen comprender que no es de aquí, el vello de mi nuca se ha erizado al escucharla hablar, tiene una voz angelical, por cierto, que hermoso acento. La risa amenaza con salir de mi garganta con esas últimas palabras.
- Slishkom krasivo, chtoby perestat' 'tsenit' tebya.
Esta embobada mirandome, como si fuera un extraño ser, por suerte no sabe que hablo y entiendo su idioma, eso me da ventaja.
- Sueltame, no te tengo nada para darte, busco salir de aquí - Forcejea mientras habla.
Escucho unos pasos cerca de donde nos encontramos, sino me equivoco tiene que ser Donik, ese cabrón esta buscando a chicas perdidas contínuamente y ellas sin saber aceptan su ayuda, el único inconveniente es que si aceptan no volveran a ver a su familia. Aprieto mi cuerpo contra el de ella, le hago un gesto para que no hable y me siga la corriente, estamos en un lugar visible para él y movernos solo conseguiría llamar su atención. Solo me queda una opción, no dudaré en tomarla y probar esa dulce tentación tan deliciosa..
-¿Acaso fue amor a primera vista? - bufa - Claro... a ustedes las chicas les gustan esas cursilerías del amor eterno y almas gemelas.
-Pues a mi, no. - lo encaró - Eso es ridículo, patético y sexista. En este siglo ya nadie muere por amor, ignorante.
- ¡Vaya! ¿A caso eres una de esas locas feministas? - se burla, repasándome de pies a cabeza.
-¿Una qué? -"Este idiota" - Mira no se tonterías estas pensándo pero te anunció que yo tengo novio y... - la furia brillan sobre sus profundos ojos negros.
-¿Y que harías? si te enseño que eso que piensas que es un cuento de hadas, es solo eso... un cuento. - cada fibra de mi piel, sabe que sus palabras tienen más verdad, que sarcasmo.
-Entonces eso sería una pesadilla. Una que odio y aborrezco - se aproxima hacia mi, lento y peligroso. Me hace retroceder tres pasos.
-¿Qué odias? No lo creo. - sonríe de lado, haciendo ver estúpidamente sexy - ¿Como sabes que no odias algo que no has probado?
-No ocupo probarlo para saber que lo odio.
-Tú sabes que cuando dices odiarlo: es porque me deseas hasta el punto en que la lujuria desquicia tu alma. - declara arrogante desde su gran altura.
-Yo...yo no... - tartamudeo, nerviosa.
-Dime, pequeño colibrí, ¿Pondrías en juego tu fe y tus creencias? - me susurra al oído, arrinconándome a la pared, gira su rostro quedando a centímetros de mis labios - ¿Estarías dispuesta a conocer el pecado?.