Otra vez tú

Otra vez tú

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WpMetadataNoticeLast published Sun, May 12, 2019
Cuando somos pequeños, nos es suficiente con cerrar los ojos, escondernos tras cualquier cosa y fingir que nuestros problemas no existen. Y nos lo creemos. Y mágicamente, terminan solucionándose. Porque al final, tampoco eran tan grandes. Cuando crecemos un poco más, tenemos la estúpida esperanza de poder seguir haciendo lo mismo. Lamentablemente, no con el mismo resultado. Adrienna estaba segura de haber olvidado todos sus recuerdos. Había inventado otros y tenía una nueva vida. Nada la llevaba al pasado. Nada, excepto su hijo. Irremediablemente, cada vez que veía aquellos ojos verdes, un ligero destello, la obligaba a volver a pensar en él. Fingía no hacerlo. No quería hacerlo. Pero volvía a pensar en Vincenzo y en sus hermosos ojos verde esmeralda. Él representaba un soplo de aire fresco, pero también le hacía daño, acordarse del padre de su hijo. Es más fácil olvidar. Duele menos. Y no tienes que avergonzarte, por errores demasiado grandes. El problema es que la vida, a veces, insiste en oponerse al olvido y aunque hayan pasado 10 años, todo vuelve. Y ésta vez, los recuerdos, iban a regresar pegando donde más duele. Cuando alguien te dice: tu hijo está enfermo. Y es muy grave. No le queda mucho tiempo. El mundo deja de tener sentido. Todo cambia. Empezando por ti. Y los días se suceden, como todo lo que no tiene ninguna lógica. Las personas siguen sonriendo, soñando, viviendo... como si el simple hecho de que tu hijo esté luchando por su vida, no sea suficiente para pararlo todo, como sucedió con tu mundo. Ése. El que tú creías perfecto. O casi. Adrienna entendió solo en ése momento, que ya no podía seguir cerrando los ojos y soñando con milagros. Ya no era aquella niña pequeña, a la que los demás, le solucionaban sus problemas. Ahora había crecido y tenía que enfrentarse a la vida, aunque por el camino, tuviera que dejar ir a alguna que otra persona. Gente que al final, no era tan irreemplazable como ella pensaba.
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infierno
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Siempre fui la típica chica callada que no se metía en problemas ni en líos amorosos. Era la que nunca destacaba. La que no lucía. Una simple y normal chica del montón, como muchas de ustedes, y así me gustaba. No me llamaba la atención los asuntos relacionados al corazón y prefería que se mantuviera así; de niña había tenido una muy mala experiencia con un pasado oculto y oscuro que limitaba a tener guardado en el fondo de mi corazón. Mis calificaciones en la escuela tampoco eran las mejores, pero me esforzaba bastante para no desilusionar a mis padres, quienes soñaban con verme convertida en toda una profesional. Con dieciséis años, cursaba mi último año escolar. Todo se mantenía en orden en mi vida, tal cual tenía planeado. Me había metido en la cabeza llegar al rubro de la medicina, ser independiente y compartir un departamento con mi mejor amiga. Una vida tranquila y sin problemas. Hasta que apareció él. Un chico problema. Un chico arrebatado, celoso e impulsivo. Inseguro. Mi dolor de cabeza. Él llegó a mi vida como una fresca y agradable brisa primaveral que poco a poco se fue transformando en una temible tormenta, y terminó llevándose con él toda la paz que alguna vez me acompañó. Y que yo, como una completa tonta, lo amaba más que nada ni a nadie en el mundo. El amor en algunas ocasiones te vuelve ciega, te hace errar y perdonar una y otra vez situaciones que sabes bien no cambiarán. Tu cerebro no reacciona y tu aire depende de esa persona, al igual que la sangre que bombea tu corazón. Y si tuviera que volver a pasar por el mismo dolor dos veces, lo haría. Después de todo, el primer amor siempre es el más doloroso. Un dolor hermoso. ••• Aclaración: cada imagen usada en esta historia es entera propiedad de su creador. Yo solo las saqué de internet. Créditos a él/ella. Historia completamente de mi propiedad. Todos los derechos reservados.

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