Pensaste que ella era la rota. Pero esta es mi voz. Mi sombra. Mi grieta. Lilah sangró en mis manos. June me miró con hambre. Y yo... yo aprendí que el amor duele más cuando viene de los labios que un día te suplicaron que no te fueras. Este libro no es una redención. Es un descenso. Un confesionario envuelto en carne, placer, culpa y cicatrices que no cierran. Porque yo no quiero salvarlas. Quiero poseerlas. A cada una. A las dos. Hasta que no puedan respirar sin mi nombre en la boca. Pero amar a lo que está roto tiene un precio. Y yo estoy dispuesto a pagarlo... Con sangre, si es necesario. Bienvenido a la segunda grieta. Donde el deseo se vuelve necesidad. Y el dolor... familia.
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