Florecer
Leia se siente marchita. Hace varios meses está sumergida en la rutina, en una inercia que la lleva a "hacer lo que hay que hacer": cumplir con sus obligaciones e intentar saciar sus necesidades básicas. Sin risas, sin sentimientos. Y hace la misma cantidad de tiempo no logra dormir más de dos o tres horas seguidas. Leia sabe muy bien desde cuándo, por qué. Lo que no sabe es que siempre hay una persona dispuesta a ayudarnos a florecer.