El dolor de los omegas se refleja en las resplandecientes lágrimas que derraman cuando la ansiada fecha se acerca. Se resignan, se esconden, se venden a alguien que tal vez les dé estabilidad; muy pocos, casi nadie, lucha y se aferra a una esperanza. Pero no pueden vencer solos, no cuando el enemigo es numeroso y poderoso. Mas, sólo basta una persona para empezar con el cambio, aunque este sea un alfa huraño demasiado extraño y amenazador cuyo nombre es: Kyoya Hibari. 1827. Omegaverse
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