Dicen que la arena lo cubre todo, que entierra los errores y el dolor con el paso del tiempo. Pero el viento del desierto es traicionero... y a veces desentierra todo aquello que uno jura olvidar. Amé a Gaara como solo se puede amar en la desesperación: con miedo, con pasión, con heridas abiertas. Fue la tormenta que me arrastró al infierno y la sombra de la que nunca pude escapar. Él me enseñó que el amor puede ser un arma y que la soledad se aferra a la piel como el polvo del desierto. Nosotros no éramos un cuento de hadas. Éramos dos almas heridas intentando aferrarse la una a la otra. Porque esta historia no trata de cómo nos encontramos. Trata de cómo nos perdimos.
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