Imagina que eres un omega. Y que eres el sirviente encargado de escoltar y cuidar al chico de cama de uno de los príncipes en un reino antiguo. Tu labor entonces es, simplemente ir, dejar la comida, ver que todo esté en orden, y notificar irregularidades. Todo lo que veas, todo lo que escuches es confidencial. Incluso si no lo fuera, nadie en ese palacio siente aprecio por ti, ni se preocuparía si un día el alfa que te empleó decide descartarte. Imagina entonces que una noche mientras dejas la comida en la alcoba del príncipe, el omega a tu cargo no está donde siempre, sino al borde de la ventana, con la mirada perdida y un rastro de dolor a su paso. En algún lugar de un reino desconocido, una noche fría de invierno, River se pregunta qué debería hacer en la situación que está viviendo. Sólo que no necesariamente es un omega, y no necesariamente es quien dice ser. Cc de la ilustración: @madtuqq
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