De todos los juegos otome que existen en el mundo, tenía que tocarme este. Y de todos los personajes posibles... vamos, ¿en serio no pude reencarnar en la Sucrette?
No, el destino tiene un sentido del humor bastante retorcido y me arrojó de cabeza en el cuerpo de Amber Carello: la rubia consentida, caprichosa y el auténtico grano en el culo de todo el instituto Sweet Amoris.
El problema es que yo no tengo dieciséis años; tengo una mente un poco madura, un cansancio crónico que no me cabe en el pecho y absolutamente cero paciencia para aguantar dramas adolescentes sobre quién miró a quién en los pasillos. Como mi estrategia de vida siempre ha sido ignorar los problemas hasta que mágicamente desaparezcan, he tenido que escribir una lista estricta de supervivencia bajo el colchón.
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