El gol de Poulsen, el tacón de Guerrero, el esfuerzo titánico de Advíncula, el retroceso de Kjaer, los silbidos bajando desde las gradas, el VAR, un ser humano en estado delirante, un estadio rojiblanco, todo eso en un retorno.
Eso, estoy seguro ocurrió antes de qué Cueva naciera, antes del himno nacional peruano retumbando en una ciudad llamada Saransk en el país más grande del mundo.
No hay más palabras, solo perspectiva atenta ante el próximo Jueves 21 contra Francia.
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