A la chica le gustaban muchos esos zapatos rojos. "Mira... ¡qué zapatos de baile más bonitos!" dijo el soldado "Ajústalos bien cuando bailes..." y puso sus manos en las suelas... -Gracias Max... todo es hermoso...-dijo sonriendo. Era todo lo que había deseado, un novio lindo y muchas cosas para ser feliz. No había nada mejor que esta vida. Miro por el ventanal del último piso del edificio, se veía la cuidad completa. -Todo por ti...-dijo tomando su mano y besándola- eres mi muñeca... perfectamente bella- recorrió su cintura antes de besarla- me vuelves loco...-dije mirándola a sus ojos. Los pies de la chica comenzaron a bailar. Un ángel con una espada ordeno... "tendrás que bailar... hasta que te vuelvas azul y estés tan fría como el hielo, hasta que se derrita la carne de tus huesos" Baila hasta que mueras... -¡Ya Basta!...- le grito mientras se cubría el rostro -ya basta...-las lágrimas le quemaban la herida de la mejilla, también le dolían las piernas y las costillas. -Vamos linda...-tomo el mentón y abrió su boca-sabes que no debes hacerme enojar...-la beso en la frente y metió a su boca la pastilla-no me hagas enojar...-repitió en un susurro- no quiero lastimarte... -Sí... -dijo sumisa levantándose del suelo y agarrando sus ropas rasadas- no lo haré más...-prometió para no recibir otro golpe, ¿Cómo llego a esto?. -Ahora ve a trabajar...-Sonrió y arreglo su camisa- hoy tienes muchos clientes...- la tomo del brazo llevándola como su trofeo- y maquíllate... no quiero que te veas mal para mis amigos... Imploro la chica. Pero antes de que la gente pudiera escuchar sus plegarias, sus danzantes pies se la llevaron lejos. Ella paró enfrente de la casa del verdugo. El verdugo escucho las suplicas de la chica y corto los pies de la niña. Pero los zapatos rojos no dejaban de bailar en los pies de la niña.
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