Sin quererlo, los susurros me impulsan a ser mejor cada día, a darme cuenta de mis carencias y transformarlas en fortalezas. Porque no existe obstáculo que no pueda vencer, y mi principal enemigo soy yo. Al final me enorgullezco de poder mirar mis debilidades a los ojos y enfrentarlas. Y por el contrario, siento pena por los que nunca han escuchados los susurros de la noche, porque no son otra cosa que nosotros mismos pidiéndonos a gritos tener el valor para ser felices.
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