Cuando menos me imaginé la vida me arrebató lo mas preciado que la misma vida me había dado. Me había dado la alegría al despertar, la alegría al ir a dormir. El empezar cada mañana y lo primero que me regalaba eran esos grandes ojos mirándome, los mas hermosos que jamás había visto y la mirada de amor incondicional que solo un hijo podría dar. Terminar cada día acariciando sus cabellos y esa suave piel, besar sus ojitos mientras escuchaba esa dulce voz diciendo "hasta mañana mama, te amo". Recordaba eso cada segundo de mi vida vacía y ya oscura. La mayor parte de mi se había ido junto a él y solo su recuerdo me ayudó a continuar con lo poco que restaba de mi. La corazonada de una madre nunca falla.
More details