Está es mi historia, soy una simple adolescente con cicatrices en sus brazos.
Cada uno con una historia.
Las cicatrices no son malas, nos demuestran lo fuertes que somos.
Esta no es una verdadera historia de amor, es una historia cruda en un diario, dónde el creer que alguien te quiere se vuelve una dependencia emocional muy fuerte.
Dónde se trata de escapar de las heridas mismas.
No es una historia de amor, ni algo que alguien debería vivir.